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Maquillaje para novia

Maquillaje de novia

La vida te da sorpresas y esto fue una de ellas

Cuando comencé a maquillar (1986), las clasificaciones de los maquilladores estaban súper definidas y en castas.

Los de ópera (uno famosísimo en aquellos años era el hermano de Maria Luisa Ponte, la magnífica actriz que seguro recordaréis) y teatro eran lo más. Los de cine iban detrás y ellos despreciaban a los de la publicidad. Los de moda no estaban considerados como verdaderos maquilladores, pero a su vez los de moda se pensaban que ellos eran lo más… y así sucesivamente. Las puñeteras etiquetas y categorías.

Mientras viví en Madrid, mi trabajo se centró en cine, publicidad y videoclips (lo mejor de lo mejor). De esa época tengo que agradecer el conocer lo mejor y lo peor. Y de lo mejor personas como France Andreu, jefa de producción en varias productoras (entre ellas la de Antón Reixa).

El teatro, en Zaragoza. Paco Ortega me dió la primera oportunidad y eso nunca lo olvidaré. Y mientras iba experimentando las diversas facetas de mi profesión, la de maquillar novias o particulares jamás entró en mi abanico. Pero por circunstancias del destino, comencé a maquillar, un poco por compromiso (la primera fue porque era la hija de una propietaria de una marca de ropa para los que hacía los maquillajes del catálogo). Y un fotógrafo con el que colaboraba, Rafael Palacio, empezó a recomendarme a las novias que él fotografiaba.

Y comencé. Y descubrí algo nuevo: el placer de ser la persona elegida en el momento especial de una persona. La conexión que hay con el momento anterior a maquillarse con el de los actores frente al estreno: concentración, nervios, inseguridad, emoción y entusiasmo. ¡Me encanta ser la «elegida»!

Me encanta estar con personas que transmiten buen rollo, y una casa en la que hay personas preparando una fiesta es la alegría en estado puro.

Total, que hago lo que me gusta. Y me gusta lo que hago.

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